lunes, 19 de marzo de 2018

EL DRAMA DE LOS CETÁCEOS EN CAUTIVIDAD

La mayoría de nosotros aún guardamos en la retina las imágenes de Flipper haciendo piruetas en su piscina del parque acuático Coral Key Park en Florida. Esta cercanía e interacción con los humanos y en particular con los niños fascina al público, que comienza a idolatrar al animal de una manera apasionada. La mueca de la cara de los delfines, que parece una sonrisa, ayuda también a este “amor”  por este animal.


La cara amable de los delfines nos hace pensar a menudo que son felices en nuestra compañía. 
Foto Sharyn T, con permiso de WCA

 

Posters de la película y serie de tv Flipper (1963-64)

La realidad de la película y de la serie de televisión fue muy diferente. Flipper no era un único animal, sino que eran en realidad cinco delfines hembra entre las cuales había una llamada Kathy. Se elegían hembras pues eran más dóciles y en general se usaban las más dotadas para las piruetas. Kathy murió de agotamiento en brazos de su entrenador, Rick O’Barry que explicó en su momento: “el delfín decidió no comer más y se dejó morir de hambre”. La serie de televisión promovió la captura de delfines para su uso comercial en todos los parques del mundo. Rick O’Barry desde entonces se convirtió en activista en contra de la cautividad de estos animales.


Rick O’Barry, el entrenador de los delfines de Flipper

Una de las preguntas que se hacen los científicos desde entonces, cuando O’Barry planteó la hipótesis del suicidio, es si los delfines realmente pueden decidir no seguir viviendo. No están muy convencidos de ello: de lo que sí está convencida la comunidad científica es de que los animales de este tipo pueden estar deprimidos y pueden llegar a realizar conductas desesperadas, como dejar de comer o vagar sin rumbo o golpearse con las paredes de sus tanques. No vamos ahora a determinar cuál fue la causa de la muerte de Kathy/Flipper. Seguramente fue una combinación de causas, el agotamiento, la depresión…la cosa es que desde entonces Rick O’Barry no ha dejado de recordarnos lo infelices que son esos animales con los que trabajaba en cautividad.

Una de las características de los cetáceos y de los delfines en particular es sin duda su carácter social, de convivencia y sus rígidas estructuras sociales familiares y de clanes, con una gran capacidad de aprendizaje que se transmite de madres a hijos, y con una habilidad comunicativa entre individuos que asombra a los científicos: cada clan tiene su dialecto diferente. Son, en general, animales migratorios aunque hay comunidades que no migran pues establecen su territorio en una amplia zona en la que viven permanentemente.

Podemos entender pues que animales con estas características sean infelices en cautividad, al igual que entendemos que simios encerrados en zoos no lo pueden ser tampoco. En el caso de las orcas, los mayores delfines, es mucho peor por la sangrante falta de espacio que tienen en sus piscinas.

Blackfish, o el comienzo de la conciencia popular contra el cautiverio

En 2013 Gabriela Copperthwaite estrenó su documental Blackfish. La protagonista es una orca llamada Tilikum, la cual había causado la muerte a tres personas a lo largo de 20 años. El documental nos explica que jamás se han registrado ataques de orcas en libertad, al contrario de lo que cada vez con más asiduidad estaba ocurriendo en cautividad, donde se les obliga a realizar números circenses a cambio de alimento, y a convivir en espacios muy reducidos con ejemplares ajenos a su grupo familiar. La película relata también la muerte de Alexis Martínez, entrenador de orcas del Loro Parque de Tenerife. Fundamentalmente el documental centra sus críticas hacia Sea World,  propietario de las orcas de Tenerife.  Seaworld es una compañía estadounidense dedicada a la captura de animales marinos para su utilización en espectáculos.


Cartel de la película Blackfish (2013)

Tras la muerte de una de las entrenadoras de Tilikum, y las dos muertes posteriores comenzaron las denuncias contra esta compañía. Seaworld siguió produciendo espectáculos de orcas en cautividad, pero esta vez sin personas presentes en los tanques. Trabajadores destacados de Seaworld, como John Hardgrovee empezaron a denunciar lo que ocurría en sus instalaciones.

La propia compañía anunció en 2016 un descenso de beneficios de un 33 % desde 2013, el año de la película de Blackfish, y a la vez anunció también el final de la reproducción de orcas en cautividad, en lo que parece el inicio del fin programado de este tipo de espectáculos. Su presidente, Joel Manby, explicó entonces que un creciente número de personas piensan que las orcas no deben estar en cautividad y que los animales que tenían iban a ser los últimos. Convencido, o no, de que las orcas deban estar en cautividad, Manby se ha dado cuenta de que su negocio no es sostenible.

Las masacres de los delfines de Taiji. El horror anual para abastecer el mercado de delfines cautivos

Mientras tanto Rick O’Barry no ha dejado de trabajar a favor de los delfines libres. Creó la Rick O’Barry Dolphin Project para luchar contra la industria de la cautividad. Ha rescatado y rehabilitado delfines en muchos países en todo el mundo. Quizá su campaña más impactante sea la lucha contra la brutal caza de delfines en Taiji, en Japón, donde oficialmente el propósito de la caza anual autorizada por las autoridades es proporcionar carne para la alimentación de los japoneses. Sin embargo, la realidad es que la carne de delfín no es tan apreciada en Japón como la de ballena. Los propios pescadores explicaron a O’Barry, que pasa todos los años un tiempo durante la brutal caza en la zona, que el otro objetivo era la vender ejemplares para la industria de los delfinarios, y además para evitar que estos animales se comieran el pescado de la zona.



La película The Cove, estrenada en 2009, es un documental que explica la misión de un equipo de activistas, videógrafos y apneistas que consiguieron entrar en la zona, en la cala donde se realizan las matanzas para, utilizando cámaras ocultas y micrófonos, destapar el horrible crimen que se produce cada año.

En realidad todo lo relacionado con Taiji es oscuro. La temporada de caza es larga, entre septiembre y abril. La Prefectura de Investigación de Pesca Japonesa reconoce que el objetivo es el consumo humano y la reventa a delfinarios. Parece ser que el destino de los delfines capturados en Taiji y no consumidos son los delfinarios cada vez más numerosos de Asia y América, mientras que los delfinarios europeos niegan cualquier relación con Taiji, alegando que sus programas de reproducción en cautividad les permiten autoabastecerse de ejemplares suficientes.

Las cifras de la cautividad y sus amargas consecuencias

Es creciente la preocupación internacional por la situación de los delfines y otros cetáceos como las orcas en cautividad. Países como Chipre, Eslovenia, Croacia, Costa Rica, Chile e India han prohibido la cautividad en sus fronteras, y otros como Francia y México han procedido recientemente a tomar medidas para la eliminación de este tipo de instalaciones. Mientras tanto España es el país europeo con más delfinarios, y se están construyendo algunos más. Según Word Cetacean Alliance (WCA),  España posee en la actualidad 11 instalaciones con cetáceos cautivos, Italia cuatro y Francia tres, en proceso de eliminación, aún por concretar,  tras la aprobación de su reciente ley contra el cautiverio.


Las orcas en cautiverio suelen tener los dientes desgastados debido a conductas anormales tales como el roce con los laterales de los tanques, etc. Foto: Heather Murphy, con permiso de WCA

Las 32 instalaciones presentes en la Unión Europea están reguladas con la Directiva de zoos (1999/22), aplicable desde 2005 en todos los estados miembros. La Directiva proporciona un marco legal a la legislación de cada Estado Miembro, a partir de una licencia de funcionamiento y un sistema de inspecciones de las instalaciones. El fin es mejorar su papel en la conservación de la biodiversidad, intercambiar información para promocionar la protección y conservación de las especies animales salvajes, proporcionar un adecuado alojamiento para los animales con el objetivo de satisfacer sus necesidades biológicas y de conservación, asegurar el enriquecimiento de las especies y normas de la cría en cautividad y proporcionar cuidados veterinarios. A la vista de esto, nos preguntamos si realmente se cumple la Directiva en las instalaciones existentes y se satisfacen las necesidades biológicas de estos animales.

Tan solo cinco estados miembros de la Unión Europea, según World Cetacean Alliance, tienen legislación específica en materia de cetáceos en cautividad: Bélgica, Finlandia, Italia, Polonia y el Reino Unido. Este último exige unos estándares tan altos que es imposible cumplirlos y por ello no hay delfinarios. Italia tiene unas exigencias altas, pero no se cumplen. En trece países europeos (entre ellos el nuestro) existe absoluta libertad de tener delfinarios si cumplen las exigencias de la Directiva.
 

La Word Cetacean Alliance está compuesta por muchas organizaciones de todo el mundo

Las cifras son muy variables, pero aproximadamente hay unos 1000 delfines en cautiverio en el mundo, de los cuales en España hay unos 90 delfines, además de 3 belugas y 6 orcas.
Las principales carencias de los cetáceos en cautividad, según la WCA, son las reducidas dimensiones de los tanques en relación con el tamaño de los animales, factor especialmente grave en el caso de las orcas; un entorno social deficiente (los animales cautivos están desarraigados y fuera de su grupo o clan); incapacidad para expresar su comportamiento natural; altos niveles de estrés y uso de tranquilizantes; y mortalidad temprana. Y además deben realizar exhibiciones diarias a cambio de comida.


Lolita, la orca del delfinario de Miami. Cuando ocurrió el huracán Irma fue el único animal no desalojado de la instalación, debido a sus dimensiones. En la foto se aprecia el tamaño del tanque, muy pequeño en comparación con el tamaño del animal. Foto: Lincoln O’Barry

En el artículo “Fuentes de estrés en cautividad” (Morgan y Tromborg, 2007) se explica que los aspectos más estresantes para los animales cautivos son la iluminación artificial, la exposición a música muy alta, olores fuertes, temperaturas incómodas, restricción de movimientos en espacios muy reducidos, el hecho de forzarles a convivir con humanos, mantenimiento en grupos sociales anormales, así como restricciones en su desarrollo conductual. 


Es muy frecuente que los cetáceos en cautividad estén entrenados para realizar exhibiciones con números circenses en los que se condiciona su conducta mediante la privación de alimento. Foto: Jackie Curtis, con permiso de WCA


La presencia de humanos en los tanques o en los recintos de la denominada “semicautividad” (recintos cerrados en la naturaleza para el baño con delfines), provoca en algunos casos infecciones a los animales, de origen humano. Foto: Sharyn T, con permiso de WCA

Los cetáceos cautivos muestran conductas que no mostrarían en libertad, como nerviosismo o agresividad, patrones de conducta repetitivos, apatía y anormales periodos de inactividad. Además, debido a las condiciones no siempre idóneas del agua de las piscinas, desarrollan infecciones cutáneas, erosiones en la piel por el rozamiento con las paredes, reacciones por ingesta de pinturas del revestimiento de los tanques, etc. Es posible imaginar la dificultad de manejo que tienen determinadas especies muy grandes, como las orcas, y lo difícil y costoso que es tener una piscina suficientemente grande como para permitir un mínimo de movimiento. Hemos visto en algunos casos como los animales reposan en el fondo de las piscinas cuando los tanques deben vaciarse para ser sometidos a limpieza profunda. En resumen, por mucho que nos hagan creer que las condiciones de vida de estos animales, continuamente supervisados por veterinarios, son al menos aceptables, es imposible creer que un animal de estas características sea feliz o que, como mínimo, sus condiciones sanitarias sean adecuadas. Por supuesto es difícil de creerse estos artículos “científicos” que estas instituciones con delfines publican periódicamente explicando que la calidad de vida de los animales cautivos es mayor en cautividad que en libertad, porque se les cuida y se les curan sus enfermedades.


La orca Tylikum en Sea World. Foto: Milan Boers (CC)

Según WCA, se recurre a la captura de animales salvajes para satisfacer la demanda de población cautiva y no se cumplen con los requisitos de la Directiva. Pero esta asociación internacional nos ofrece algo de luz al final de túnel, parece que los europeos cada vez están más en contra de la cautividad y de los espectáculos con cetáceos y por ello cada vez más países están aprobando leyes en contra, como es el caso de Francia. En el caso de Barcelona, el Delfinari ha decidido que en vez de adaptar las instalaciones a las exigencias de la Directiva, prefiere clausurar la instalación. Otra cuestión es saber qué se va a hacer con los delfines de las instalaciones clausuradas.

Las campañas en contra

Sin duda la campaña que más suena en todos los medios es “Empty the tanks”, que surgió tras la visita a Taiji por parte de algunos voluntarios. Según su web, se define como un movimiento no radical que pide la liberación de todos los mamíferos marinos. Algunos de los animales pueden ser candidatos a la liberación, pero otros, debido a su desarraigo e imposibilidad de vivir en libertad, especialmente los nacidos cautivos, deberán ser incorporados a santuarios marinos.


Pero ¿se pueden liberar los delfines cautivos? Rick O’Barry ha escrito todo un manual sobre esta cuestión a partir de su experiencia personal en liberación de muchas ejemplares. No parece una tarea fácil y los delfinarios se escudan en ello para aseverar que la reincorporación es casi imposible.
Mientras tanto cada año se suceden manifestaciones populares en contra de los delfinarios. La realidad es que pocas personas se manifiestan, sobre todo en nuestro país. Mi reflexión es que aunque a muchos españoles nos repugne la cautividad, todavía no tenemos la idea de que es un tema importante: es más, es muy difícil que en nuestro país alguien se manifieste a favor de la defensa del medioambiente y de los seres vivos que lo habitan. Hace falta aún mucha educación ambiental y muchas campañas publicitarias para que los ciudadanos se movilicen.  Si los ciudadanos no se movilizan, la Administración Pública no va a dar ningún paso en contra de la cautividad.

En este pasado mes de agosto hemos podido ver en televisión un anuncio publicitario de Orange utilizando una orca cautiva. Ante el sentimiento de repulsa por ver un animal tan maravilloso enjaulado, algunas asociaciones y grupos, liderados por Planeta Profundo, hemos decidido actuar y se ha emprendido una campaña en contra de esta anuncio publicitario, con el argumento de que utilizar la cautividad en la publicidad es contribuir a “normalizar” o hacer que sea socialmente aceptable una actividad, la cautividad, que cada vez tiene más detractores. Por ello se ha solicitado a Orange, mediante una carta firmada por más de 30 organizaciones, que modifique su campaña y nos hemos han puesto a disposición de la operadora telefónica para explicar las consecuencias de la cautividad y otras posibles opciones para expresar el mágico contacto del humano con el animal, especialmente en libertad. Se propone como alternativa las experiencias de buceo o natación con cetáceos libres o el avistamiento de animales en libertad. Queremos con esta iniciativa no solo animar a Orange a que modifique su campaña, sino dar a conocer también a la población ajena  problema de la cautividad y los detalles de la misma.


El cartel de la campaña de Planeta Profundo en contra del anuncio de Orange utilizando una orca cautiva. 
Dibujo de Inkshark

Otras organizaciones o grupos han planteado acciones similares con solicitud de firmas, y campañas en las redes sociales. La idea es que sea quien sea el que lidere una iniciativa es preciso apoyarla, por el fin de los cetáceos en cautividad, y por el fin de la normalización de las imágenes de cetáceos cautivos.

En un mundo cada vez más gobernado por el mundo audiovisual el argumento de que los delfinarios sirven para que niños/personas que no acceden a la costa puedan tener el contacto con estos animales no es razonable. Queremos ver imágenes de animales libres.  Fueron las imágenes de los documentales de naturaleza, las de Cousteau y los documentales de la BBC las que llenaron nuestra imaginación de las criaturas del mundo marino, y nos incitaron a soñar por ver estos animales en su medio.

Posiblemente sea más razonable y educativo realizar actividades infantiles con los niños en el mar, avistando aves y cetáceos libres las que mejor les ayuden a despertar su conciencia ambiental y de amor por la naturaleza y no digamos si los buceadores les enseñamos nuestras fotos y vídeos de nuestros encuentros subacuáticos. 

Y tú ¿qué puedes hacer?

Si estás leyendo este artículo y te está removiendo la conciencia, o si ya tenías idea de que la cautividad de los cetáceos no es admisible hoy en día, puedes hacer muchas cosas. La primera es contarle a todo el mundo todo esto, explicarles a los niños que los cetáceos no son felices haciendo piruetas en sus tanques, no ir a los delfinarios y aprovechar lo extenso de nuestra costa para realizar actividades de avistamiento. El Cantábrico, la Costa Catalana, Levantina o Balear, el Estrecho y Canarias son lugares idóneos donde numerosas empresas y organizaciones realizan actividades de avistamiento, a menudo con charlas educativas y de identificación. Es cuestión de proponérselo.

Y si te quedan más ganas de hacer más, asóciate a una de estas organizaciones que luchan por esta causa, apoya sus iniciativas, y expresa tu repulsa cada vez que veas una expresión gráfica de un cetáceo cautivo, no difundas fotos de delfines en cautividad y manifiéstate en contra cada vez que veas una.

Sin duda los buceadores lo tenemos más fácil, porque si has tenido la enorme suerte de ver cetáceos en inmersión o en tus traslados en barco, habrás podido experimentar lo maravilloso que es el contacto con estos animales en su medio, LIBRES.

LIBRES Y NO CAUTIVOS.


Calderones libres en Tenerife: Desde un barco de avistamiento de cetáceos.
Foto: Mónica Alonso


Calderones libres en Tenerife: en inmersión cuando se acercaron a donde nos encontrábamos. 
Foto: Luis Abad

REFERENCIAS:
https://ecologiaazul.com/2014/05/05/mamiferos-marinos-en-cautividad/

domingo, 18 de febrero de 2018

Sistemas anti tiburones: ¿quimera o seguridad?

Este artículo se publicó en la Revista Acusub en el número 177
http://acusub.com/?p=2693
Texto: Mónica Alonso Ruiz

Los buceadores somos personas con gustos extraños. Algunos de nosotros amamos criaturas que son potencialmente peligrosas y nos apasiona el buceo con ellas. Y a pesar de ello nos seguimos sumergiendo con ellos. ¿Por qué lo hacemos? Las razones son muy personales, desde los que desean una experiencia con altos niveles de adrenalina, hasta los que admiramos la impresionante natación y forma de moverse de estos majestuosos animales ¿Es seguro? Pues debe serlo, pues no conozco a nadie que haya buceado con tiburones y que haya tenido un problema grave.

Los tiburones son animales salvajes y de las más de 500 especies de escualos que existen, solamente una decena de ellas son peligrosas para los humanos. Es cierto que al igual que se hace en las experiencias de avistamiento de diversos animales salvajes del tipo “superdepredador peligroso” hay que recurrir siempre a ciertas medidas de seguridad, puesto que la presencia de los humanos para estos animales a menudo supone una molestia, perturbación o impacto y no podemos esperar que su conducta, siendo animales agresivos para sus congéneres y para sus presas o depredadores, sea la de indiferencia y sumisión, y tampoco debemos descartar conductas agresivas.


Foto: Luis Abad

¿Están las aguas infestadas de tiburones? Cuando te sumerges por diferentes mares descubres que los tiburones son escasos y que es difícil encontrarse con uno, salvo en zonas donde suele haberlos, y en esos casos no hay tantos como nos gustaría.

¿Tenemos que preocuparnos por la presencia de tiburones en el océano? La verdad es que las cifras hablan por sí solas, y de los datos de Global Shark Attack File, el organismo encargado de registrar los ataques de tiburón desde principios del siglo XX, se obtiene que la probabilidad de morir por ataque de tiburón es de 1 entre 3.800.000, casi despreciable. Así que  podemos decir que es casi imposible morir de un ataque de tiburón ya que al año no se producen más de una decena de muertes por incidentes con tiburones: no atacan por lo general a los humanos.

Sin embargo, a pesar de la baja mortalidad, hay determinadas “zonas calientes” en el mundo donde se concentran estos accidentes, como son Australia, California, Florida, la Isla de Reunión, Hawai, etc.  Muchas de las víctimas son nadadores y surfistas, y casi siempre las causas son por imprudencia al nadar en condiciones de mala mar, baja visibilidad, etc, en las que los animales muerden cualquier cosa que esté por la superficie, para ver de qué se trata. No debemos olvidar que los océanos están cada vez más escasos de peces, y por tanto de alimento, y los tiburones buscan cualquier cosa que les pueda resolver su difícil vida de búsqueda de sustento. Considerando que cada vez hay más personas en el agua, la probabilidad de incidente, aunque ínfima, es cada vez mayor.


Algunas playas optan por avisar a sus bañistas del peligro de presencia de tiburones

Ante la alarma social que producen estos accidentes las autoridades de estos países o zonas calientes investigan una y otra vez para intentar encontrar el mejor sistema antitiburones que permita la convivencia de humanos y escualos en el agua. Ha habido muchos intentos de repeler a los tiburones a lo largo de la historia reciente, y existen compañías que venden determinados dispositivos.

Breve historia de los repelentes de tiburones

Todo comenzó con el hundimiento del buque insignia de la Armada Americana, el USS Indianápolis en 1942 en el Mar de Filipinas. Durante cinco días permanecieron en el agua más de 800 soldados, muchos de ellos heridos. El barullo del ataque y hundimiento del barco por un torpedo japonés probablemente atrajeron a los tiburones, y los chapoteos y sangre en el agua provocaron que, según testimonios de los supervivientes, los escualos atacaran a los muertos y heridos. Se ha estimado que pudieron ser tiburones puntas blancas oceánicos (C. longimanus) que aprovecharon el desastre humanitario y actuaron de carroñeros oportunistas. Esto quizá se vea como algo horrible y podemos pensar que son monstruos, pero la verdad es que actuaron como animales salvajes sobreviviendo en la jungla del océano. Sabemos que los tiburones, especialmente ciertas especies, se alimentan de lo que pueden, y si está flotando en el agua y no opone resistencia pues siempre muerden a ver qué pasa.
 

El USS Indianápolis

Durante la Segunda Guerra Mundial otras catástrofes navales y aéreas habían producido varias muertes de soldados en el agua y tras la del Indianápolis la opinión pública americana pedía tomar medidas al respecto. La Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), precedente de la CIA, desarrolló un repelente de tiburones para evitar los accidentes con los militares náufragos.

Se probó con todo tipo de sustancias, incluso con venenos. Se utilizaron pequeñas musolas pintadas (Mustelus canis) para los experimentos. Las primeras sustancias que se plantearon fueron las obtenidas de carne de tiburón descompuesta mediante sales de cobre. Se diseñó en 1945 el repelente Shark Chaser, que tenía un colorante y acetato de cobre, el cual parecía que tuvo algunos resultados positivos como inhibidor de la conducta de los tiburones en laboratorio. Y se utilizó este sistema para el kit de supervivencia de los soldados para emergencias en el mar.


Shark Chaser, el primer repelente de tiburones militar, que estuvo disponible
hasta 1974 a pesar de sus bajos resultados.

Sin embargo, a pesar de que este repelente se siguió utilizando durante décadas, en los años 50 se concluyó que ni los compuestos de cobre ni los extractos de tiburón en descomposición eran efectivos. En 1974 se decidió eliminar este sistema del equipo de emergencia por ineficaz. Imagino la expresión de la cara de todos aquellos soldados que lo habían utilizado durante años al conocer que no servía para nada. Quizá lo que valoraron los “expertos”, que mantenían el sistema sabiendo que no funcionaba, fue que es mejor tener un náufrago en el agua pensando que está protegido, puesto que el pánico es una gran fuente de mortalidad en estos casos. Fue quizá el primer protector psicológico de entre otros muchos.

Se propusieron diferentes sustancias como lacrimógenos, sudor humano, holoturina (una esencia que los pepinos de mar utilizan como repelente de depredadores), halitoxinas (sustancias repelentes de las esponjas), pardaxinas procedentes de ciertos peces (letales para otros peces), etc. No fue hasta los años 90, cuando se empezaron a investigar con los semioquímicos del tipo feromonas, que son sustancias secretadas por los seres vivos para provocar comportamientos específicos en otros individuos de la misma u otra especie. Ya en los años 2000 aparecieron las primeras compañías en comercializar este tipo de repelentes, como Shark Defense, que incrementaron los esfuerzos de investigación en este sentido, analizando para cada sustancia, la especie de tiburón en la que hacía efecto.

El abanico actual de sistemas

La investigación actual se ha ampliado no solo hacia los repelentes químicos, sino a todo un abanico de actuaciones de lo más variado, en el sentido de evitar los accidentes con tiburones, que vamos a intentar resumir a continuación.

El uso de redes de enmalle para proteger las playas viene desde los años 30 en Sydney. Se trata de poner unas redes que capturen y eviten la entrada de los tiburones a las playas. Son redes de enmalle, con el objetivo de enredar y capturar al animal y no funcionan como barrera contra su paso: por eso no se sitúan en todo el ancho de la playa ni cubren toda la columna de agua. Desde sus inicios se han utilizado en Sudáfrica y Australia y el resultado ha sido que miles de tiburones y también otras especies marinas han sido víctimas de estas trampas mortales. Son dispositivos muy eficaces, pues llegan pocos escualos a las playas, pero con un coste ecológico demasiado elevado. Las más modernas disponen de sistemas de repulsión de cetáceos vía sonar, pero siguen siendo causa de mortalidad de muchas especies.


Los sistemas de barreras mediante el uso de redes de enmalle 
incorporan sistemas inteligentes anticetáceos

Las barreras contra tiburones son redes que proporcionan un recinto cerrado seguro, desde la superficie hasta el fondo. Se han usado en Australia, en Hong Kong, en la Isla de Reunión, etc. Los que las ponen dicen que son compatibles con el medioambiente, porque tienen menor mortalidad (su objetivo no es matar al tiburón), pero todos sabemos que cualquier red es siempre mortal para determinadas especies. Además, es complicado mantener en buenas condiciones el recinto, debido a los daños sufridos en temporales, etc, lo que obliga a ponerlas en la época estival y a quitarlas en invierno.


Redes antitiburones “ecológicas”


Recinto cerrado con redes para permitir la natación segura de bañistas.

Algunas administraciones públicas, como el gobierno de Australia, ante la presión pública han utilizado la técnica tradicional para evitar estos animales: la matanza indiscriminada de tiburones de la zona. No hay que decir lo que opinamos los conservacionistas de estas medidas: nos horrorizan pues “resuelven” el problema a base de un coste ambiental enorme. Y ello no garantiza que no se sigan produciendo accidentes. El sistema utilizado es el de largas líneas de palangres en las que supuestamente solo caen tiburones, pero la realidad es que este arte de pesca es tan indiscriminado que caen delfines, tortugas, y roda clase de vida marina. Además los tiburones objetivo de estos sistemas a menudo son especies amenazadas, como el tiburón blanco, el tigre, el martillo o el toro.


Foto: Sea Shepherd

Se han utilizado sistemas avanzados de palangre, en los cuales cuando cae un tiburón se llama a la guardia costera para que proceda a eliminar al tiburón o a alejarlo de la zona. La cosa es que muchas veces cuando llegan a la zona el tiburón ya ha muerto y cuando no, requiere de gran habilidad para trasladarlo (a veces aprovechan para etiquetarlos).


Una técnica novedosa que se está utilizando también en Australia es el de la localización de tiburones en las zonas de baño y de práctica de deportes náuticos como el surf. Se utilizan drones, helicópteros y torres de observación. Se trata de localizar al animal y prevenir a los bañistas. El problema de estos sistemas es que no son eficaces al 100%, por la imposibilidad de detectar todos los tiburones de la zona. En zonas donde los tiburones son ocasionales pueden ser válidos, si no se baja la guardia.


Dron de vigilancia y detección de tiburones

Otra forma de advertir a los bañistas es mediante la utilización de aplicaciones para el móvil, utilizadas en Australia, donde se alerta de la presencia de tiburones en una determinada zona. Estos sistemas dan incluso la opción al público de informar sobre avistamientos. La cuestión es que puede ser útil para los bañistas antes de meterse en el agua, pero una vez en el agua no se puede acceder a la aplicación.

 

Las aplicaciones de móvil también se utilizan para informar a los usuarios de las playas.

El uso de sónares en las denominadas boyas inteligentes proporciona información sobre la presencia de ciertos animales, como los tiburones o cetáceos. Los datos se envían a un satélite y se envía una alerta a los guardacostas, vigilantes de la playa o a las aplicaciones de móvil. Tienen el inconveniente de que la identificación de los animales a veces no es correcta, lo que produce falsas alarmas e incluso que no se identifique un tiburón como tal.


Sistema de bayas inteligentes con sonar para detección de animales marinos

El etiquetado de tiburones permite seguir su trayectoria cuando salen a la superficie, y esto puede utilizarse como alarma cuando un animal que lleva una etiqueta está cerca de la costa. Puesto que no es posible etiquetar a todo tiburón viviente y sabiendo que las etiquetas a veces son dañinas para el animal, y que solo duran una serie de años y luego dejan de funcionar, se plantea este sistema como algo complementario al resto de sistemas.

Algunos repelentes químicos actuales se siguen basando en la teoría de que los tiburones huyen del olor de tiburón muerto, y por ello la compañía Sharktech tiene en el mercado un spray para nadadores que se puede llevar y cuando se ve necesario, aplicarlo alrededor, obteniendo según el fabricante una zona segura alrededor para repeler 15 especies diferentes de tiburones. El problema es que la concentración de repelente puede dispersarse y en caso de peligro tras haber vaciado el spray, no proporciona protección alguna.


Shark Tec, un repelente químico de tiburones en spray

La teoría de otros repelentes de tiburones se basa en que son dispositivos o métodos que interfieren en uno o más de los sentidos de los tiburones, y no solo el olfato, como en el caso de los repelentes químicos. Los repelentes eléctricos permiten actuar sobre el sentido eléctrico de los tiburones, capaces de detectar corrientes eléctricas muy pequeñas mediante unos órganos de su piel llamados ampollas de Lorenzini. Estos equipos emiten una pequeña corriente eléctrica en el agua, que interfiere y sobreestimula al animal. Esta sensación es desagradable para el animal y huye del lugar. Un ejemplo es Shark Shield, un dispositivo que los nadadores y buceadores pueden ponerse en la rodilla y los surfistas en la tabla.


Shark Shield es un sistema eléctrico

El gobierno australiano en 2012 probó estos dispositivos en focas y los resultados no fueron concluyentes dado que funcionaban solo a veces, provocando incluso que el tiburón fuera directamente hacia la el objetivo a proteger, que era detectado precisamente por la emisión eléctrica del dispositivo. Y sin embargo estudios de una universidad australiana sobre este sistema concluyeron que era el mejor dispositivo antitiburones del mercado. Los mismos estudios indicaban que el efecto es de muy corto alcance, cuando el animal está muy cerca. Y yo me pregunto ¿la cuestión no es precisamente mantenerlos lejos? que se alejen cuando ya están encima no prece ser muy eficaz.

También existen repelentes magnéticos que aparentemente sobreestimulan las ampollas de Lorenzini de la misma manera que los sistemas eléctricos. El más conocido es Sharkbanz, que se sitúa en un dispositivo a colocar en la muñeca, a modo de reloj. Son sistemas más baratos que los eléctricos. El fabricante explica que puede repeler a un tiburón tigre o toro, pero no lo recomienda para el tiburón blanco.

Algunos expertos hablan de la absoluta inutilidad de estos sistemas magnéticos, dado que ha habido accidentes en surfistas que los llevaban e insisten en la falta de evidencia científica de su funcionamiento: explican que para modificar la percepción magnética del animal y crear una barrera es preciso un gran campo magnético, mucho mayor que el que se genera. El animal detecta el campo magnético demasiado tarde, cuando está a 10 cm de la persona, lo cual no permite modificar la conducta tipo “torpedo” que se lanza a morder para identificar si se trata de presa o no.


SharkBanz el sistema magnético que puede llevarse en la muñeca.

También existen repelentes acústicos, que imitan el sonido de las orcas, potencial depredador de los tiburones grandes. Los experimentos con focas, que son también presas de las orcas han demostrado que estos mamíferos enseguida se dan cuenta del engaño, y que el sonido no proviene de una orca. Están investigando si los tiburones, a priori animales “menos inteligentes” que las focas son también capaces de descubrir el engaño.

El conocimiento de la vida animal marina, tan llena de estrategias de depredación y de defensa, ha llevado a los científicos a estudiar ciertas conductas animales que detienen a los depredadores, como el uso de colores llamativos a modo de amenaza de animal tóxico por su ingesta o el uso de coloración disruptiva o de engaño del depredador por el uso de determinadas bandas de color. Lo primero que llamó la atención de los científicos es que los trajes de neopreno nos hacen parecer focas, una de las principales presas de tiburones grandes como el blanco. Y especialmente lo parecen los surfistas, que manejan las olas como hacen estos animales.

Por ello una empresa australiana, Shark Attack Mitigation Systems (SAMS) ha desarrollado trajes de neopreno con patrones disruptivos, desde el camuflaje en diferentes tonos de azul hasta los modelos de rayas negras y azules que puede recordar a una serpiente marina venenosa. Curiosamente los peces piloto que acompañan a algunas especies de tiburones tienen esta librea de bandas negras y azules.
Neopreno con estrategia de advertencia


Estrategia de advertencia en tabla de surf


Neopreno con estrategia de camuflaje

¿Son realmente eficaces los sistemas antitiburones?

Los fabricantes no garantizan resultados totales en cuanto a que salven vidas humanas. El problema surge por la falta de comprobaciones con humanos en todo tipo de situaciones y frente a diferentes especies, cuyo comportamiento es muy diverso.

Las webs de todas las compañías que venden estos dispositivos o sistemas siempre tienen vídeos explicando lo bien que funcionan, y sin embargo no garantizan nada. Se avisa incluso a los usuarios que el uso de estos dispositivos se realiza bajo la responsabilidad del usuario y que deben evitar riesgos innecesarios debidos a la falsa sensación de seguridad que proporcionan. Si el fabricante dice esto, no parece que sirvan para nada.

Algunos científicos que trabajan con todos estos sistemas, como Erich Ritter, de la Universidad de West Florida, recomiendan que para evitar accidentes es preciso establecer contacto con el animal, intentar saber el estado anímico del mismo, por su expresión corporal, y así identificar las situaciones de riesgo. Realmente es lo que mismo que nos dicen cuando nos sumergimos deliberadamente con tiburones. Pero claro, esto es válido para los buceadores, y no para nadadores y surfistas, que son los más vulnerables.

Parece pues que tras esta extensa profusión de sistemas actualmente no hay ninguno infalible y quizá los gobiernos de estas zonas calientes estén un poco desesperados y que utilicen un compendio de todas las medidas que hemos expuesto. Parece pues que bañistas y surfistas con tiburones en el agua no es una buena idea por la posibilidad de accidentes. Y es que no nos damos cuenta que el océano es su hábitat y no el nuestro. 


Cartel con las medidas de detección de tiburones de una zona de la costa oeste de Australia

Lo que nunca se puede justificar es que los gobiernos realicen campañas de matanzas, lo que hacen  especialmente tras un accidente mortal. Los conservacionistas de esas zonas utilizan precisamente la gran profusión de sistemas que existen en el mercado, sean eficaces o no al 100 % como justificación para evitar las matanzas. Y es que se puede recurrir a todo menos a eliminar al animal.


Cartel educativo en contra de las campañas de matanzas de tiburones en Australia. Se indica que hay muchas posibilidades de actuación antes de llegar a recurrir a las matanzas. Sea Shepherd Australia

En cualquier caso las posibilidades de encontrar un tiburón en el océano es remota y mucho más lo es la de tener un accidente. Por eso yo estoy tranquila, aunque aparentemente no funcionen los sistemas antitiburones. Y seguiremos sumergiéndonos con ellos siempre que podamos. Son animales fascinantes, y francamente el riesgo que corremos es ínfimo.

En el momento del cierre de este artículo tengo conocimiento de una nueva barrera antitiburones, 100% eficaz, según la empresa que la comercializa. Se basa en la estrategia que utilizan las focas que viven en el kelp, las enormes laminarias presentes en muchos mares. Estas enormes cortinas de algas permiten a estos mamíferos escabullirse de los grandes tiburones blancos. El nuevo producto se llama “SharkSafe Barrier”. Se trata de una cortina de tuberías negras flotantes en cuya base se disponen imanes a modo se repelente. Resiste el oleaje y no requiere de mantenimiento. La ventaja es que no afecta a otro tipo de fauna que no sean tiburones. El Gobierno australiano está empezando a pensar en usarla. ¿Funcionará? 



La nueva barrera Sharksafe a base de tubos de plástico que simulan las laminarias del kelp