martes, 30 de mayo de 2017

BABOSAS DE MAR: TODO UN MUNDO DE COLOR Y APARIENCIA

Texto: Mónica Alonso Ruiz
Fotos: Luis Abad y Pilar Muñiz
Este artículo se publicó en la revista AcuSub nº 167 www.acusub.net

La Madre Naturaleza nos muestra sus bellezas de una manera sorpresiva y espectacular. El buceo con escafandra autónoma nos ha permitido disfrutar de la biodiversidad marina, y también de la parte de la belleza sumergida que nos era ajena antes de que el hombre pudiera bucear, resultando que la  sumergida es quizá más impresionante que la emergida, por el variadísimo catálogo de colores y formas que nos encontramos bajo el agua. Y cuando hacemos alusión al mundo del color y de las formas del mundo subacuático siempre nos acordamos de los camaleones del mar, los opistobranquios, con sus variadísimas formas y colores: es como si el mar hubiera querido sembrar sus fondos de coloridos tesoros para el disfrute de los humanos curiosos. En el mar nada es lo que parece, todos los organismos juegan a algo: mientras que algunos se muestran ostentosos, con su riqueza colorida, otros juegan al disimulo.

Opistobranquios y nudibranquios

Primeramente vamos a aclarar la diferencia ente babosas de mar u opistobranquios y los nudibranquios, dado que entre los buceadores no siempre está muy claro. Pues es muy sencillo, las babosas de mar u opistobranquios son un grupo amplio de más de 5000 especies, dentro de los cuales están los nudibranquios, con cerca de unas 2000 especies, siendo el grupo más evolucionado.

El nombre de opistobranquio deriva del griego ophisten, que significa detrás, por lo que un opistobranquio es un animal con las branquias hacia atrás. Estos animales tienen la característica de que tan solo algunos de ellos han conservado la concha típica de los moluscos (y si la conservan es muy reducida), tienen colores y formas llamativas, y su tamaño no suele ser muy grande.

La palabra nudibranquio es muy conocida entre los buceadores y seguro que todos sabemos que significa “branquias desnudas”.


Unas nociones de su anatomía

En cuanto a la anatomía de los opistobranquios, la variedad de formas y colores son su característica principal. Sin embargo presentan órganos comunes a casi todas las especies que nos permiten identificarlos: los “rinóforos” (o “cuernecitos”) con función sensitiva, junto a la cabeza; la boca, en la parte delantera del animal, que a veces presenta tentáculos orales; el manto o masa principal del animal; la “corona branquial” (o “penacho”) en la parte trasera; el pie o parte trasera del manto; y los “cerata” (o “pelillos”), que sobresalen del manto y que tienen función respiratoria, defensiva y que también son extensiones del sistema digestivo.

Fotos: Luis Abad

Las estrategias defensivas 

Una de las características de estos moluscos, y que los diferencia significativamente de los moluscos tradicionales, es la ausencia más o menos total de concha protectora, y cuando la tienen, es interna y está recubierta de tejido. Perder la concha defensora presenta inconvenientes: en principio son más vulnerables. Y sin embargo estos maravillosos seres han convertido nudismo en un arte, o lo que es lo mismo, presentan su piel desnuda pero decorada de manera artística y colorida, con el objetivo último de no ser depredados. Este arte que tienen, les permite una segunda función, la de ser las estrellas de los fotógrafos marinos. Quizá no es una función muy biológica, pero sí curiosa y entretenida.

En el juego del disimulo y de la apariencia equívoca las babosas marinas u opistobranquios son sin duda unas estrellas. El nombre de babosa nos recuerda a algún ser arrastrado y con poco glamour: nada más lejos de la realidad. Estas estrellas de la fotografía subacuática son muy ciertamente ambiguas: o colores llamativos, sorprendentes, o bien mimetismo y camuflaje. O me exhibo o me escondo…o soy lo que soy, o aparento ser otra cosa.

El camuflaje es la primera de las técnicas que utiliza un ser desnudo para no ser depredado. Hacerse invisible adoptando la forma y el color de los que te rodea es una táctica muy frecuente en la naturaleza, y se denomina coloración críptica. Los opistobranquios comen de todo, desde algas, esponjas a anémonas, corales blandos, ascidias, etc. Las especies suelen ser muy selectivas en cuanto a su alimentación e incluso pueden alimentarse solo de una sola especie. Muchos nudibranquios se alimentan de esponjas o briozoos, a veces de coloridos llamativos, y como viven literalmente encima de su alimento, pues adquieren los pigmentos del mismo, resultando un aspecto exterior muy similar, también llamativo. Algunos se alimentan de algas verdes (como Elysia viridis, que recoge los cloroplastos que incluso utiliza con funciones fotosintéticas para obtener una fuente de alimento alternativa) y así pasa a tener el mismo color verde del alga.
Otra forma radicalmente diferente de defensa es la coloración de advertencia, llamada aposemática, con colores muy llamativos, que indican al posible depredador que el animal es venenoso. Se llegó a pensar que estos colores tenían alguna función de llamar la atención con objetivo reproductivo, pero no es el caso, dado que los opistobranquios no pueden ver los colores: sus sensores situados en los rinóforos son detectores químicos o de presión y no ojos. Y en esta forma hay dos variantes, los opistobranquios que no son tóxicos y que intentan engañar a los depredadores adoptando los colores de una especie venenosa, en lo que se denomina mimetismo batesiano, y los que lo son realmente y esto ocurre cuando especies tóxicas que tienen colores diferentes evolucionan hacia el mismo color, para facilitar al depredador la identificación de la presa tóxica, en lo que se denomina mimetismo mulleriano. 
En algunos casos muchas de las presas de las que se alimentan son tóxicas, y pueden utilizar los metabolitos tóxicos de sus presas para defenderse. Es el caso de los nudibranquios que se alimentan de cnidarios (pólipos, hidrozoos, anémonas) y que al comer sus células urticantes (los cnidocitos) sin sufrir daño alguno, los transfieren a las cerata (los pelillos que tienen los aeólidos) usándolos como mecanismo propio de defensa. Otros, menos tóxicos, adquieren sustancias tóxicas de las esponjas que comen y las acumulan en el manto, y otros incluso son capaces de segregar sustancias por la presencia de glándulas tóxicas en su manto, incluso algunas especies son capaces de segregar ácido sulfúrico. La presencia de color de advertencia en estos casos está bien justificada.

La reproducción

Pues si estamos sorprendidos por la variedad de formas y colores, y por lo que ello representa en cuanto a estrategias de defensa, otros aspectos también son interesantes, como el caso de su reproducción. Todos estos animales son hermafroditas pues poseen estructuras reproductoras masculinas y femeninas, aunque no son capaces de autofecundarse: necesitan una pareja, e incluso forman cadenas de individuos reproduciéndose. En general tienen el aparato reproductivo a la derecha del cuerpo, por lo que durante la cópula un individuo une su lado derecho con el mismo lado de otro individuo. el resultado de la fecundación es la puesta de muchos huevos, y curiosamente también con formas y colores muy variados.

Dada su ausencia de ojos, sus receptores químicos permiten la identificación de los otros individuos como de la misma especie o no, y así saber si son individuos compatibles para reproducirse o no.

Algunas babosas de mar

Finalmente vamos a describir algunos tipos de babosas de mar, para poder identificarlas más fácilmente en la inmersión.

Las liebres de mar o anaspideos son un grupo bastante homogéneo de especies, donde podemos encontrar las de mayor tamaño, que llegan a alcanzar los 40 cm. Reciben ese nombre por el gran desarrollo, a modo de orejas, de dos de sus cuatros aprendices cefálicos, presentes en su cabeza, claramente diferenciada del resto del cuerpo. Presentan también dos “alas laterales” o parapodios, que son extensiones del manto, y que pueden extender o recoger en torno a su atrofiada concha interna. Bajo los parapodios se encuentran las branquias, por lo que este tipo de animales no presenta “penacho” branquial. Las liebres de mar son herbívoras y se alimentan de algas y fanerógamas  marinas. En nuestros mares podemos observar fácilmente tres especies Aplysia punctata, Aplysia  fasciata y Aplysia dactylomela, esta última más frecuente en el Atlántico y que podemos verla en Canarias. Su forma de desplazamiento se realiza mediante el deslizamiento sobre su pie musculado, y algunas de ellas son capaces de “nadar” torpemente pequeñas distancias cuando se las intimida. Como curiosidad se puede citar que estos animales poseen un sistema de defensa mediante la expulsión de “tinta”, cuya función es como la del pulpo, proporciona una pantalla líquida para que el animal pueda escapar rápidamente cuando es atacado.

Liebre de mar Aplysia dactilomela , fotografiada en aguas canarias.
 Foto: Luis Abad

Liebre de mar Aplysia punctata , fotografiada en aguas murcianas.
Foto: Luis Abad
Los sacoglossa son un grupo de opistobranquios muy curioso. Son también, en general, herbívoros y su rádula (o lengua raspadora de los moluscos) termina en un saco ciego, de ahí el nombre de este orden. Algunos usan la rádula en forma de estilete para poder absorber las células de las algas, por eso se les llama también chupadores de savia o sap-sucking. Son animales pequeños, que raramente superan los 3 cm, por lo que pasan generalmente desapercibidos al buceador. Su coloración es generalmente verdosa, debido a que la mayoría de ellos son capaces de ingerir los cloroplastos (los órganos celulares encargados de la función clorofílica) de las algas de las que se alimentan, los cuales los depositan en su organismo. Una vez en el cuerpo del “ladrón” (a este fenómeno se le denomina cleptoplastia), los cloroplastos se cree que siguen funcionando y haciendo la fotosíntesis. Se han realizado experimentos con estos animales (con Elysia viridis) y los ejemplares situados a oscuras pierden peso muy rápidamente. Por esta capacidad de utilizar la energía del sol para alimentarse a los sacoglossa también se les llama babosas de mar solares. En nuestros mares la especie más frecuente de ver es Elysia timida sobre fondos ricos de algas verdes, a poca profundidad.

Elysia timida, un sacoglosso habitual en las zonas de algas. De muy pequeño tamaño, esta Elysia timida apenas mide 1 cm. Fotografiada en aguas murcianas. Su zona dorsal, en la que este animal sitúa los cloroplastos que extrae de las algas de las que se alimenta. 
Foto: Luis Abad
Los notaspideos tienen, en general el cuerpo masivo y forma ovoidal. También se les llama babosas con las branquias laterales (pleurobrancaceos = branquia a un lado), pues las tiene al lado derecho de su cuerpo, y no son visibles. Casi todos tienen concha, en algunas especies es externa, en forma de concha de lapa, pero en la mayor parte es interna y de forma oval. En algunos la concha está ausente. Son animales de tamaño mediano a grande, pudiendo superar los 15 cm. Poseen una rádula robusta con la que comen otros invertebrados, como esponjas o ascidias. Muchas especies son capaces de liberar sustancias ácidas a partir de glándulas del manto cuando son molestadas por algún depredador. En el Mediterráneo es posible encontrar a Pleurobranchus forskali, que no es propio de este mar, y que ha penetrado en el mismo por el Canal de Suez. Tylodina perversa, de color amarillo, y con la concha vista, a modo de gorrito chino, es el representante más conocido en el Mediterráneo.

El notaspideo Pleurobranchus forskali, presente en aguas mediterráneas tras su entrada por el Canal de Suez como especie invasora. 
Foto: Luis Abad
 
Tylodina perversa, el notaspideo más conocido. Lo más curioso de este animal es su concha externa, situada en su parte superior y con forma de “gorrito chino”. Siempre asociado a la esponja Aplysina aerophoba, de la que se alimenta y de la que obtiene el pigmento corporal que se denomina uranidina. De esta esponaj también obtiene diversos alcaloides defensivos que son expulsados por el animal cuando se le molesta junto con abundante mucosidad.  
El nombre de tylodina proviene del griego, que significa protuberancia. 
Finalmente, los nudibranquios son los más conocidos y evolucionados de los opistobranquios. Son los que tienen un mayor número de especies y formas y colores más extravagantes. Desde el punto de vista evolutivo han eliminado totalmente la concha en los adultos e incluso en algunos han eliminado incluso las branquias, que son sustituidas por un sistema de respiración cutánea. Casi todos ellos están dotados de rinóforos, que tienen funciones sensoriales, táctiles y quimiorreceptores. Los rinóforos tienen muchas formas diferentes y frecuentemente son retráctiles. En el dorso, pueden tener papilas y algunos tienen apéndices alargados, los “cerata”, que tienen función respiratoria, digestiva (pues contienen ramificaciones del aparato digestivo), y defensiva (con células urticantes).
Son todos depredadores, y se alimentan de otros animales. A veces, como ya hemos comentado, solo se alimentan de un solo animal, una esponja, una anémona, una ascidia… En el Mediterráneo se conocen aproximadamente 250 especies de nudibranquios, de las cuales el 25 % son endémicas, y muchos de ellos, sobre un 40 % se han descrito a partir de 1950.

El nudibranquio más conocido por los buceadores, la vaquita suiza, Discodoris atromaculata, antes denominada Peltodoris atromaculata. El epíteto, “atro-” proviene del latín "ater" que quiere decir “negro”, y “maculata” proviene de "maculatus" que significa “manchado”. Es un nudibranquio se distribuye por el Mediterráneo y las costas atlánticas desde Francia a las Islas Canarias y es inconfundible. Retrae los rinóforos y la corona branquial si se siente amenazado. 
Foto: Luis Abad

Precioso detalle de la zona branquial de Discodoris atromaculata o vaquita suiza.



Platydoris argo es una especie también grande, hasta 100 mm. Tiene el dorso de consistencia coriácea, con coloraciones variables, desde el marrón amarillento, hasta el naranja o rojo. Tiene manchas blancas difusas y se alimenta de esponjas.
Foto: Luis Abad

Flabelina affinis, es el nudibranquio aeólido (de los que tienen cerata o “pelillos”) más conocido para los buceadores. Longitud máxima 30 mm. Es muy común en el Mediterráneo. 
Foto: Luis Abad

El nombre de flabellina proviene del latín flabellum, que significa abanico.
Cratena peregrina. Se diferencia de Flabelina por los cerata de color marrón y azulados en la punta. 
Foto: Luis Abad
Dos Cratenas, una de ellas con su puesta. 
Chromodoris quadricolor. Esta nudibranquio dórido se puede ver en el Índico, el Mar Rojo y el Mediterráneo. 
 
Hypselodoris picta, o con el nuevo nombre Felimare picta. Este nudibranquio, de tamaño hasta 200 mm,  presenta enorme variabilidad en color y patrón de coloración. Por ello se han descrito distintas subespecies. 
Fotos : Luis Abad
Podríamos seguir hablando de estos animales sin parar, y si analizáramos cada una de las especies, podríamos describir un montón de curiosidades, a cual más llamativa. Nos reservamos pues para futuras ocasiones, donde hablaremos de algunas especies llamativas o curiosas. Espero que este primer acercamiento a estas glamurosas babosas os haya sido agradable y os haya permitido aprender algunas singularidades de estos espectaculares animales.